FMI/BM: Aquí se corta(ba) el jamón. Humberto Campodónico. La República. 11/10/2015

Fuente: La República

En las últimas dos décadas se produjeron cambios muy importantes en el sistema económico mundial, que han modificado la influencia de instituciones como el FMI y el Banco Mundial. Los cambios están llevando a que los grandes acuerdos de libre comercio (ALC) impulsados por los países industrializados jueguen un rol cada vez más importante y decisivo.

Los ALC no se ocupan simplemente de rebajar los aranceles de las mercancías que pasan por las aduanas, como era antes. En verdad, hasta mediados de los 90, quien lo hacía era la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pero las innovaciones basadas en las tecnologías de la información y el conocimiento determinaron la aparición de lo que se llamó los “nuevos temas”.

 Entre ellos la propiedad intelectual y los servicios, que hoy representan un intercambio comercial que en el 2014 llegó a US$ 4 billones (trillones en inglés). Estos “nuevos productos” ya no pasan por la aduana. Y se agregan otros que antes nada tenían que ver con el comercio, como las normas laborales, el medio ambiente, la solución de controversias, comercio electrónico y telecomunicaciones, entre otros.
 Inicialmente, la OMC se ocupó de estos temas (es el foro adecuado porque participan –casi– todos los países). Pero comenzaron las discrepancias –sobre cómo tratar estos temas– entre los países industrializados y los “nuevos chicos del barrio”, aquellos “mercados emergentes” que estaban culminando su proceso de industrialización y defendían con fuerza sus propios intereses.
 El camino que tomaron entonces EEUU, primero, y la Unión Europea, después, fue la negociación bilateral. Surgieron así los TLC, que ahora son más de 200 y que forman lo que se ha llamado un “plato de spaguetti”, porque es una mezcla tal que nadie sabe lo que están abarcando.  En esos TLC ellos logran lo que se llama normas y reglas OMC +,  pues superan lo negociado en la OMC.
 El eje distintivo de esta nueva generación de acuerdos es que se ha pasado de negociar aranceles “en la frontera” a negociar políticas comerciales y económicas al gusto y medida de las grandes empresas multinacionales. Ya no se negocian productos, sino políticas. En lugar de políticas domésticas con implicaciones internacionales, lo que estamos viendo es la integración de las diversas políticas domésticas dentro de una sola política internacional.
 Esto cobra una relevancia aún más grande cuando se negocian TLC de varios países, como es el caso del TPP de 12 países con el 40% del PBI mundial, que acaba de firmarse. Y está en la cola el TLC entre EEUU y la Unión Europea (el 50% del PBI mundial), que ya lleva dos años de negociaciones. Son estos acuerdos, negociados en secreto, los que están diseñando el nuevo orden económico y comercial del Siglo XXI. Y, claro, también está en juego la disputa por el poder, por la hegemonía.
Tenemos entonces que esas discusiones ya no se realizan en el FMI y el BM como fue la norma desde fines de la II Guerra Mundial hasta hace poco. No solo eso, hasta les están surgiendo instituciones rivales. Ojo, eso no significa que no acompañen este nuevo proceso ni que su rol haya desaparecido ni que ya no tengan poder económico y sigan siendo actores importantes. Pero ya no son ellos los que hacen sonar la flauta ni tampoco cortan el jamón, como sí lo hacían antes.
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